PARA VIVIR BIEN

"Pero los oligárquicos no dicen lo más importante: si los hombres han formado una comunidad y se han reunido por las riquezas, participan de la ciudad en la misma medida en que participan de la riqueza, de modo que el argumento de los oligárquicos parecería tener fuerza (pues no es justo que participe de las cien minas el que ha aportado una igual que el que ha dado el resto, ni de las minas primitivas ni de sus intereses). Pero los hombres no han formado una comunidad sólo para vivir, sino para vivir bien." Aristóteles, Política III 9

dijous, 3 d’agost de 2017

LA SEPARACIÓN CIELO-TIERRA EN HESÍODO

El mito de la separación entre el cielo y la tierra, como mecanismo cosmogónico, aparece en numerosas narraciones anteriores a la hesiódica y pertenecientes a otras culturas, incluso sin conexión alguna con la indoeuropea (Kirk & Raven, págs. 56-57):
Ø      Maorí: Pangi (cielo) se separa de Papa (tierra) por obra de su hijo oprimido.
Ø      Egipcia, en el Libro de los Muertos.
Ø      Hurro-hitita: Canto de Ullikumi.
Ø      Babilonia: mito de la creación, donde Marduk corta el cuerpo de la diosa primigenia Tiamat, y una mitad es el cielo o firmamento, y la otra es Apsu (abismo) y Esharra, la gran morada o tierra. No hay duda de que Apsu se asemeja a Xáos.
Ø      Biblia: en Génesis I (6-8), se dividen las aguas primigenias mediante un firmamento; las que quedan por encima corresponden al cielo, y las que quedan por debajo corresponden a la tierra. Kirk & Raven añaden que aquí hay algunos paralelismos con la cosmogonía hesiódica.
Todo esto indica que el tema de la separación Cielo-Tierra ya había sido planteado en cosmogonías anteriores a la hesiódica, y que pudieron servir de inspiración para los griegos, fundamentalmente las narraciones más cercanas, la egipcia y la hurro-hitita (Kirk & Raven, pág. 57).

Cornford interpreta el verso hesiódico “Antes que nada nació el Caos” (Teog. 116) como que surgió el resquicio entre la tierra y el cielo, es decir, la aparición de una separación cósmica que sería el primer estadio cosmogónico (Kirk & Raven, pág. 49).
Esta idea tiene el inconveniente de que la noche, Urano, aún no ha surgido cuando se da esa primera diferenciación, pues pertenece al segundo estadio. El resto de las condiciones encaja en la interpretación sugerida por Cornford. Además, hay una separación Cielo-Tierra más específica en el posterior mito de la mutilación de Cronos (Kirk & Raven, pág. 49, en referencia a Teog. 154).
En apoyo de Cornford, Kirk & Raven añaden que quizás el Caos no es una condición previa a un mundo diferenciado en primera instancia, sino una modificación de lo ya dado, es decir, que ya estarían presentes el Cielo y la Tierra cuando se introduce el verso hesiódico referido, en tanto que ninguna cosmogonía griega admitiría la nada como origen. Es posible que la idea de un cosmos formado por Cielo y Tierra unidos fuera una concepción general, y que el relato comenzara directamente con su separación como primera diferenciación, a partir de la aparición de aquel resquicio entre ambos (Xáos), es decir, que en el principio de todo, Cielo y Tierra se separaron (Kirk & Raven, pág. 50).
Desarrollos posteriores. La idea de Caos es importante a efectos de desarrollos filosóficos posteriores: su oscuridad le confiere unos límites no determinados, aunque no sea absolutamente ilimitado, pero es posible que de él derivase la idea de apeiron de Anaximandro (Kirk & Raven, págs. 52-53, y nota 1). Kirk & Raven citan también varias fuentes literarias posteriores a Hesíodo: Eurípides, Diodoro, Apolonio de Rodas. Estos son autores de fragmentos que remiten a este mito de la separación Cielo-Tierra, y a la vez tienen conexión con formulaciones naturalistas. Por ejemplo, las ideas de Diodoro parecen inspirarse en Demócrito. Son textos de carácter ecléctico, pero sin duda reflejan la influencia de las ideas cosmogónicas tradicionales y populares, que en su momento sería transmitidas oralmente (Kirk & Raven, págs. 54-56).

Hay una versión mucho más violenta de la separación del Cielo y la Tierra, a través del mito de la mutilación de Cronos. Urano es un ser ávido de amor que fecunda incesantemente a Gea, le engendra los seis titanes, las seis titánidas, los cíclopes y diversas formas monstruosas. La unión de Gea y Urano produce monstruos a los que su padre odia, de manera que a medida que nacen los oculta en los escondrijos de Gea. Gea no lo soporta, se rebele y conspira contra Urano, y trama una emboscada con Cronos, el último de los Titanes y único que se atreve a ayudarle. Crono espera a Urano escondido y armado con una hoz u hocino. Cuando él llega, con la noche, dispuesto a cubrir nuevamente a Gea, aparece Cronos y le corta los testículos, que lanza hacia atrás para que se pierdan, van a parar al mar y del semen y la espuma nace Afrodita. De la sangre caída en la tierra nacen las Erinyas (las Furias que operan en el Hades, torturando a los culpables), los gigantes y las ninfas del bosque (Teog. 154 ss y frag. 32 de Kirk & Raven; Eliade, Historia de las creencias..., vol. 1, cap X).
A partir del relato, Kirk & Raven consideran varios elementos de discusión (Kirk & Raven, págs. 58-59):
Ø      Urano cubre a Gea sólo por la noche, de manera que Gea podría eludir su control durante el día.
Ø      Se desprende, en cambio, que Urano cubre a Gea constantemente, en el sentido que son de una sola forma no separada, de manera que el mito de la castración de Urano vendría a explicar tal separación como hecho cosmogónico.
Según Eliade, la castración de Urano por su hijo con la itención de sucederle es un mito muy difundidos en diversas culturas antiguas. Los paralelismos hallados con otras fuentes (Génesis, la “tableta de Kumarbi”, que es hurrita y datada en 1500 a. C., relatos cananeos), muestran que parte del contenido de la Teogonía no tiene origen griego y es muy anterior a la época de Hesíodo, que debía conocerlo. En la versión hurrita o hitita, Kumarbi es el equivalente a Cronos, que muerde y engulle los testícuos de Anu (dios-cielo), y luego los escupe pero no puede evitar quedar encinto del dios de la tormenta, es decir, el equivalente a Zeus (Kirk & Raven, págs. 59-60; Eliade, Historia de las creencias..., vol. 1, cap X).
La sucesión de Urano por su hijo, que se instaló en el cielo y tomó a Rea, su hermana, por esposa, también conlleva cierta violencia. Tuvo cinco primeros hijos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. A medida que nacían los devoraba, pero uno de ellos se enfrentará a él. El sexto, Zeus, es ocultado por Gea en una gruta inaccesible. Envuelve una piedra en pañales y la da a Cronos, que la engulle, creyendo que es su hijo. Cuando Zeus crece se enfrenta a su padre, le obliga a vomitar a sus hermanos y se enfrenta en una guerra contra los Titanes, hermanos de Cronos, que acaba con la muerte de estos y el confinamiento de Cronos en el Tártaro (Historia de las creencias..., vol. 1, cap X; Teog. 463 ss y 617-720).

Hay variaciones respecto de las narraciones hititas en cuanto a la forma de engendrar a Zeus, que es hijo de Rea, esposa y hermana de Cronos; también Cronos engulle una piedra, por error. De hecho, una parte de la tablilla de Kumarbi está rota, y se especula sobre la posibilidad de que Kumarbi engulla también una piedra. En cualquier caso, la gran diferencia entre ambas narraciones es que la emasculación (sección violenta de los genitales) de Anu por obra de Kumarbi no tiene aquí relación directa con la diosa tierra, sino que se trata de un conflicto entre dos dioses del cielo, Alalu y Anu, de manera que no remite a una separación cosmogónica entre Tierra-Cielo. En conclusión, la narración hesiódica no derivaría de esta hitita, sino que ambas deben provenir de alguna mucho más antigua (Kirk & Raven, págs. 59-60; Eliade, Historia de las creencias..., vol. 1, cap X).

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